las madres también maltratan.
Relato de una víctima de abuso narcisista y maltrato infantil.
Me llamo Victoria.
Obviamente no es mi nombre real, al igual que otros datos que puedas encontrar en este blog que han sido modificados para preservar mi privacidad. Me siento más cómoda al contar mi testimonio bajo un pseudónimo, aunque todavía despersonalizar mis vivencias siga siendo un mecanismo de defensa, y creo que te será más cómodo poder comunicarte conmigo bajo un nombre común.
Cuando tenía unos catorce años, coincidiendo con la época en la que empecé a darme cuenta que había normalizado muchísimo maltrato intrafamiliar, hice algunas búsquedas en Google con la esperanza de obtener respuestas y soluciones a lo que me estaba pasando. Por así decirlo buscaba un hilo de esperanza, alguien que verbalizara lo que yo todavía no podía, que me dijera que lo que yo sentía era válido. Por desgracia en el Internet de 2009 no encontré ningún resultado que me ayudara. Al contrario. La mayoría de resultados normalizaban las relaciones complicadas entre madres e hijas e incluso algunos relatos concluían con un final feliz en el cual la veintena o los nietos fortalecían la relación y lo que empezaba siendo una relación infernal terminaba en una amistad sana y preciosa de madre e hija.
El contacto cero no era una opción. Todo estaba justificado porque para la sociedad ella era algo intocable, casi divino: mi madre.
El panorama no parece haber cambiado mucho desde hace 15 años. Parece que la sociedad ha aceptado de forma unánime que las madres no maltratan. Que pueden ser duras, estrictas, sobreprotectoras o controladoras, pero no maltratan. Y lo han aceptado porque, al parecer, todo se puede justificar con que cualquier acto es realizado desde el deseo de nuestro bien. Pero eso no es verdad. Mi historia, lo que he yo he vivido, es real y bajo ninguna circunstancia se puede justificar con que mi madre quería mi bien. Porque con ella nunca estuve bien, ni segura, ni querida.
He decidido compartir mi experiencia e intentar, con todo lo que ello conlleva, desmitificar la figura endiosada de la madre. Espero que si estás en una situación como la mía, en cualquier de sus etapas, encuentres en mis palabras un abrazo.
Porque lo que sientes es normal, lo que estás viviendo: NO.